Vamos a desayunar a nuestra cafetería preferida y de allí hacia hacia el Lungotévere. Frente al río hay una gran sinagoga, porque ese barrio debe ser el ghetto judío.
Divisamos uno de los puntos que tenía muchas ganas de visitar, la Isla Tiberina. Cruzamos el río por el PUENTE FABRIZIO, que une Roma con esta curiosa Isla. También le llaman "El Puente de las Cuatro Cabezas", porque cuenta la leyenda que sobre 1580, el Papa contrató a cuatro arquitectos diferentes para encargarse del proyecto. Los hombres argumentaron hasta el punto de que llegaron a los golpes por razones extremadamente triviales. Como castigo, cuando terminaron su trabajo, el Vaticano los condenó a muerte, decapitándolos allí mismito, en su mismo puente. El Papa ordenó que se construyera un pequeño monumento, que ahora se encuentra en la parte superior del puente, con cuatro cabezas.
La Isla se ve en un pis pas. Hay una plaza donde está la Basílica San Bartolomeo all'isola, con una preciosa torre románica. El interior es sencillo, pero lo más curioso es que en las capillas laterales hay objetos cotidianos de los que llaman santos mártires del siglo XX: en una son los caídos en la guerra civil, en otra bajo el dominio nazi, o en África. había vitrinas con misales, zapatillas, documentos...
Al lado de la iglesia se accede a un cine de verano que hay justo al lado del río, en la parte delantera de la isla, y un puente que la une al Trastevere.
Nosotros salimos de la isla por donde entramos, aunque esta vez nos fijamos en la imagen de una virgen que hay en la pared, que tiene una lámpara sobre una repisita. Es la VIRGEN DE LA LÁMPARA, y dice la leyenda que una vez la cubrió el Tiber en una de sus subidas pero la lámpara no se apagó.
Continuamos bajando por el LUNGOTEVERE AVENTINO hasta encontrarnos con un espectacular edificio circular: EL TEMPLO DE HÉRCULES VENCEDOR.
Y frente a él, una torre románica nos llama: "¡venid aquí!". Por supuesto a nuestra palentina preferida se le cayeron dos lagrimones al verla. Es la fachada de SANTA MARIA IN COSMEDIN, en cuyo pórtico está otra de las atracciones romanas, la BOCCA DELLA VERITA, en la que no hay turista que se precie que no haya metido la mano haciendo el gesto de que la boca le pega un mordisco por mentiroso. Para hacerlo, además, hay que guardar cola y hacerlo delante de los que esperan. Eso sí que es un momento bochorno, la verdad. Pero lo hacemos.
Si el exterior de la iglesia es bonito, el interior es una maravilla. Es una iglesia medieval, con mosaicos del suelo, un trono para el obispo, un coro y un baldaquino.
Uno de los principales tesoros que se conservan en la iglesia es el relicario de cristal que guarda un coqueto cráneo, con una etiquetita puesta en la frente. Es el cráneo de San Valentín, patrón de los enamorados. Ahora entiendo por qué son tan cursis los regalos que se dan en su día.
Bajo el altar se encuentra una cripta del siglo VIII. Es como una pequeña basílica, con unas especies de estanterías que cobijaban las reliquias de peregrinos que el papa Adriano I había extraído de las catacumbas.
Desde allí vamos hacia el Coliseo, pero antes buscamos un sitio para comer, y nos encontramos en las puertas de un Pub irlandés que nos gusta, es el SHAMROCK IRISH PUB, sus techos están llenos de bufandas de equipos de fútbol (por supuesto, están el Córdoba y el Sevilla). La comida es en plan hamburguesas pero estamos fresquitos y tranquilos, así que genial.
Nunca deja de sorprender esta colosal construcción. En las galerías interiores hay vitrinas con objetos encontrados durante las excavaciones. Hay una muy curiosa donde los espectadores de la época hacían sus graffitis. Grababan en los mármoles de sus asientos sus nombres, o una caricatura de su gladiador preferido... Muy curioso. Recorremos toda la galería superior fijándonos en los detalles del subsuelo, donde había una especie de ascensor que subía a las fieras y a los gladiadores directamente a la arena, o los palcos donde se sentaba el público.
Buscamos una terraza para tomarnos un refresco, y volvemos al apartamento en taxi, porque no nos encontramos muy bien con tanto calor, y mañana se acaba nuestra aventura romana. ¡Qué pena!








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