Primer desayuno en Roma. Caminamos por nuestra calle. Justo al lado de nuestro portal hay una tienda de delicatessen en la que entramos. Tienen burrata fresca los martes. Se llama DELIZIE y los dueños son muy agradables. Varios portales más adelante está la Iglesia de Santa Lucía de la Gonfalone, Salimos a una plazoletita y encontramos una cafetería con muy buena pinta, y donde desayunamos estupendamente a pesar de que el camarero es un poco borde.
Volvemos por la calle en drección al puente que cruza el río Tiber justo frente al CASTEL ST. ANGELO. Les cuento a los niños que el castillo en un principio era el mausoleo del Emperador sevillano Adriano. Hay que presumir de los ilustres hispalenses por el mundo.
Desde allí tomamos la VIA DELLA CONCILIAZIONE, el principal acceso a la basílica de SAN PEDRO. Hace un calor bestial y poquita sombra que nos alivie. Por fin llegamos a la columnata que rodea la PLAZA DE SAN PEDRO, el abrazo le llaman porque los miles de peregrinos que se concentran allí en las ceremonias importantes del Papa se sienten arropados.
Nuestra intención es entrar en el Museo Vaticano, pero no hay entradas, sin embargo, te asaltan personas que te proponen que pagando bastante más (eso no lo dicen hasta el final) te puedes saltar las colas y entrar cuando quieras. Una vergüenza, la verdad. Si quieres entrar no te queda más remedio que pagar el soborno. Marga y yo nos volvemos locas buscando alternativas en los móviles. Cuando estoy a punto de desistir, Marga pilla a la primera que viene a abordarnos, y que se llama Miguela, y reserva para el día siguiente. ¡Una mujer decidida! ¡Menos mal!
Por supuesto, es en esos escalones a la sombrita donde vuelve a salir a escena el palo selfie de la Derqui, e inmortalizar lo que los niños han denominado "momento bochorno". Es la única manera de que salgamos todos, aunque algunos posen y otros trabajen... como se ve en esta foto.
Volvemos hacia el Tiber, ya con nuestras entraditas a buen recaudo. Bajamos por el LUNGOTEVERE, el paseo que va bordeando el río, asomándonos a ver las terracitas que hay junto al agua, a esta hora cerradas, pero que deben ser un gustazo al atardecer gintonic en mano. Por la escalinata que está en la parte trasera de la imponente VILLA FARNESINA, accedemos al TRASTEVERE, un barrio con personalidad propia como nuestra Triana, de los más pintorescos y fotogénicos de Roma, donde las influencer aprovechan para posar en cualquier rincón, mientras otros las miran diciendo "¿pero ésta qué hace?".
Las paredes están llenas de graffitis, algunos bastante artísticos, y se respira un ambiente bohemio en las tiendas y los bares. Agustín y los niños hacen una manifestación porque quieren comer ya, así que no nos da tiempo a recrearnos demasiado en el entorno.
Como los niños estuvieron la noche antes con Paula tomando cervecitas por el barrio, nos cuentan que iban a ir a un sitio y había cola. Nos asomamos y tenemos suerte: hay una mesa tan lunga como para alojarnos a nosotros y allí nos sentamos. El sitio se llama DAR POETA. Como curiosidad tienen en la carta pizzas de invierno y de verano. Por supuesto, pedimos la de verano...
¡Qué acierto! comemos estupendamente y el ambiente no puede ser más agradable. María Derqui nos enseña una aplicación que tienen iphones con la que hacen una foto a los letreros que se encuentran por la calle y los traduce ¡pero qué listos son estos iphones! Así descubrimos que, en esta foto de Marta besando a su príncipe azul pone: "los recuerdos se convierten en cenizas por las calles del Trastevere". Otro poeta...
Tras la comida seguimos paseando, haciéndonos fotos ante los graffitis que más nos llaman la atención. Miguel encuentra a dos gemelas diabólicas que le atormentan y le perturban casi tanto como las que tiene en casa.
"drogate de risate
imbricate d'amore
fumate li problemi
e coltiva le pasione"
Nos tendremos que bordar la frase en un cojincito de petit point...
Vamos por la Via del Moro viendo sus preciosos comercios. Entramos en una tienda muy curiosa, abarrotada de relojes de arena, que se llama POLVERE DI TEMPO.
Giramos en una esquina y nos encontramos con la principal plaza del barrio, frente a la IGLESIA DE SANTA MARÍA DEL TRASTEVERE, de las más antiguas de Roma, con una torre románica y la fachada brillando con las teselas doradas de unos mosaicos de estilo bizantino.
El interior es, para mi gusto, un poco raro. Algunas cosas me encantan, pero en general veo demasiada mezcolanza de estilos, en cada época han añadido algo nuevo sin tener en cuenta si pega o no: la tumba de uno de los primeros papas convive con un san Antonio con las manos y los pies llenos de cartas de gente pidiendo novio o favores de otro tipo...
Al salir nos sentarnos un rato en la fuente a disfrutar de la plaza, llena de bares y de ambiente, y luego seguimos callejeando. Entramos en una pequeña joyería contemporánea, ANNA RETICO DESIGN, tiene cosas preciosas y hablando con ella nos va explicando cómo hace sus joyas con cosas recicladas: hay pendientes y collares hechos con lentes de gafas, los anillos están colocados en cartones de huevo. Todo es muy original y bonito. En las paredes tiene enmarcados cuadernos de viaje con paisajes hechos a témpera, le pregunto y son de su pareja: MAURO ROSSI. Una maravilla.
Un poco más adelante vemos la terraza ideal para tomarnos un café, un gintonic o ambas cosas, como fue mi caso. Es el café Frida Kahlo, perfecto si no pasa un camión y te tira el letrero que tienes al lado y rompe el encanto, como fue el caso.
Con gran pesar abandonamos el barrio para volver a Roma. Cruzamos por el PONTE SISTO, donde nos paramos a ver el río y la silueta de la Basílica de San Pedro y hacemos chorradas mientras Marta nos hace una foto. Momento bochorno total.
Entramos por la VIA GIULIA, una calle preciosa con los muros llenos de hiedra y muchas tiendas de antigüedades. Giramos hacia la VIA DEI FARNESI, llamada así porque es el lateral del PALACIO FARNESE, cuya fachada da a otra de las plazas más animadas de Roma.
Vamos con prisas, ya que hemos quedado con el resto de los niños (que han huido hace rato) para entrar en el último turno al PANTEÓN antes de que lo cierren. En una de las fachadas laterales hay unos restauradores borrando una pintada que alguien ha hecho en la fachada. Utilizan una especie de pistola de rayos láser.
Por supuesto, en la cola volvemos a sacar el palo selfie.
Por fin entramos, y admiramos la maravillosa cúpula, la de mayores dimensiones del mundo, sin dejar de pensar que es un milagro que haya resistido tantos siglos en pie. El templo fue reconstruido en época de nuestro paisano Adriano, ya con su planta circular y la imponente cúpula. He leído que cuando se construyó la del Vaticano se hizo un poco más pequeña por respeto.
Nos vamos parando en las capillas que la rodean. En una de ellas hay una preciosa Anunciación de uno de mis pintores favoritos del renacimiento: Melozzo da Forli. Seguimos dando la vuelta. En alguna de las capillas hay gente rezando. Nos paramos ante la tumba de Rafael Sanzio, en una cripta pequeñita que él mismo diseñó bajo la escultura de la MADONNA DEL SASSO de Lorenzo Lotti.
Antes de salir volvemos a levantar la vista hacia la cúpula, y su sorprendente apertura circular, por la que entra la luz y, por supuesto, la lluvia cuando cae.
Queremos volver a la Fontana di Trevi, que no los vieron la mayoría el otro día, pero los hago entrar en la Iglesia de los Jesuitas. En el centro de la nave central hay un gran espejo en el que se puede ver en su totalidad la bóveda que pintó Andrea Pozzo con la apoteosis de San Ignacio.
Reina un gran silencio, sólo roto por el murmullo de los fieles que asisten a la misa que un curita anciano celebra en ese momento.
Volvemos al fragor de las calles siguiendo a la jauría humana que se encamina a la Fontana de Trevi. De nuevo está abarrotada. De nuevo los policías gritones ponen orden para que la gente sea un poco respetuosa y no coma ni beba en los escalones. De nuevo cumplimos con la tradición de la monedita.
Una curiosidad que he aprendido en este viaje, es el origen del nombre de Trevi. Viene de TRE VIE, ya que la fuente está en la confluencia de tres calles.
Otra curiosidad que desconocía. Depende de las moneditas que eches tendrás un premio diferente:
- Una moneda: volverás a Roma.
- Dos monedas: encontrarás el amor con un atractivo italiano (o italiana).
- Tres monedas: te casarás con la persona que conociste.
La verdad que eso lo leí después, y al final he perdido la cuenta de las moneditas que he tirado mientras me hacían la foto en el momento justo, así que cualquier cosa puede pasar. pero casi prefiero la primera opción
Marga nos lleva a un lateral, donde está la fuente del amor, con dos caños en los que se supone que si dos personas beben a la vez tendrán amor eterno.
Ya está atardeciendo, y hay una luz preciosa. Recorremos las callejuelas en dirección a la PLAZA DE ESPAÑA, pasando ante la fachada de la Embajada de España, que está adornada con unos gallardetes bastante feos. La plaza está bastante tranquila, en comparación con viajes anteriores.
Nos sentamos un rato en la escalinata, bajo la iglesia de SANTA TRINITÁ DEI MONTI y frente a la FONTANA DELLA BARCACCIA de Bernini. A este Bernini desde luego trabajo no le faltaba.
Ya va siendo hora de volver a casa y pensar en la cena. Lo hacemos por una de las calles más caras de Roma, la VIA DEI CONDOTTI, llena de tiendas de lujo. Nos vamos fijando en los escaparates, curioseando los precios y mirando re reojillo dentro de las tiendas, a ver qué tipo de personas se pueden permitir ese desembolso.
Llegamos a una placita donde un músico callejero ambienta la noche, y nos echamos un bailecito. Más adelante está la fachada de un magnífico palacio que pone que es la cancillería de España, creo que en Largo della fontanella di Borghese. Debe haber una fiesta o una recepción, porque entran invitados muy elegantes y coches brillantísimos.
Ya estamos agotados, de tanto ir y venir por las calles romanas, así que paramos en un supermercado y compramos cosas para organizar una magnífica cena en nuestro pisazo.
Tras la cena los mayores nos vamos al catre y los menores de marcha al trastévere, como debe ser.


















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