Hoy hemos reservado un free tour por Roma. La cita es en la Plaza de España y hacia allá vamos tras nuestro desayuno. Los niños, como salieron de marcha anoche, se han rajado y se han quedado durmiendo. Todos menos Sergio, el más formalito de momento. Cuando llegamos hay una cola inmensa. Pero inmensa. Pregunto al guía si todos son para el free tour y me dice que sí. A mí se me quitan las ganas, prefiero pasear por mi cuenta, y quedo con los demás que me vayan avisando cuando estén terminando.
Entramos en una iglesia que encontramos abierta, resulta ser la Basílica de Sant'Andrea delle Fratte (que significa San Andrés de los matorrales). En el interior hay dos imponentes ángeles de mármol blanco de Bernini (¡otra vez Bernini! ¡este hombre no sabía lo que era el paro!). Como curiosidad un tanto morbosa, en una de las criptas hay un "putidrarium" con unos banquitos donde sentaban a los difuntos. No cuento más porque es asquerosito, pero en el enlace podéis leer y ver lo que es si tenéis estómago.
Es verdaderamente maravillosa, una de las cosas que más me gusta de Roma. La pena es que no se puedan ver con detenimiento todos los relieves que la rodean, porque son de una sutileza tremenda tratándose de las batallas tan cruentas de que luchó nuestro paisano, y es increíble lo bien conservada que está.
Seguimos por el foro hacia el Coliseo, porque Marga quiere comprar las entradas. Yo me paro en la BASÍLICA DE SAN COSME Y SAN DAMIÁN, y Agustín se apunta, dentro por lo menos tendremos un poco de fresquito. Resulta que Cosme y Damián eran dos hermanos gemelos, médicos los dos. La Iglesia es un poco rara, donde se mezclan estilos y objetos desde la época romana hasta los ventiladores de última generación. Pero en lo del fresquito acertamos.
Hemos quedado allí con unos amigos de Marga y Agustín que también estuvieron en la boda, pero como queremos llevar a Sergio a ver los papamóviles, ellos empiezan la visita por su cuenta y nosotros por la nuestra. Entramos en una gran galería están toda las carrozas, carros y coches utilizados para transportar a todos los papas a lo largo de la historia, incluido en el que iba Juan Pablo II cuando le pegaron un tiro en la plaza de San Pedro, encima hay una gran pantalla con un vídeo se ve todo.
Entre la galería de los coches y la entrada al museo está la cafetería y decidimos tomarnos un expresso. Charlamos y charlamos, vamos a hacer pipi, compramos agua, charlamos otra vez... total, que cuando salimos hacia las primeras salas se ve que nos confundimos. Nos extraña que todo el mundo vaya en dirección contraria a la nuestra, pero seguimos adelante sin ninguna vacilación. Llegamos a una galería y le preguntamos a un guarda por dónde se va a la capilla sixtina. Con mucha guasa nos dice que vamos contramano y que en media hora cierran ¡media hora para ver todo el museo Vaticano, incluída la Capilla Sixtina!. Nos da un golpetazo en la cabeza con la cadenita que corta el paso y nos mete por una galería que no tiene paso, para que empecemos la visita a la carrera otra vez.
Nos encantó la galería de los mapas. ¡Preciosa! Muestran con todo detalle cada zona de Italia, las ciudades, con las montañas de un verde precioso, y en un azul añil el agua de los ríos y el mar.
Seguimos avanzando, sin prisa pero sin pausa, hasta que llegamos a uno de mis puntos preferidos donde hay que pararse: LAS ESTANCIAS DE RAFAEL SANZIO. Leemos las explicaciones de un panel, que va describiendo las diferentes paredes. Maravillosa LA ESCUELA DE ATENAS, donde se pintó un autorretrato, y el retrato del papa Julio II. Nos detenemos más tiempo en la LIBERACIÓN DE SAN PEDRO, una escena nocturna apenas iluminada por varios focos de luz: un candil, la luz del ángel...
Como no nos ha adelantado la del lapizlázuli nos paramos en la galería de arte contemporáneo. Marta quería ver la sala donde están los Matisse. Hay varias vitrinas con túnicas, bocetos de las vidrieras que diseñó para la Capilla del Rosario en Provenza, y un crucifijo.
Hay muchísima gente dentro de LA CAPILLA SIXTINA.
Nos paramos en un rincón para contemplar las Sibilas, las que deslumbraron a Rafael y les sirvieron de inspiración para la IGLESIA DELLA PACE. Les explico un poco a los niños la novedad que supuso en su época la imagen que plasmó Miguel Ángel sobre la Creación y el Jucio Final, con las figuras desnudas y ese dios enfadado, mandando a los hombres al infierno.
Pero igual que el justiciero Dios de Miguel Ángel mandaba a los hombres al cielo o al infierno, los guardas que vigilan la capilla no paran de gritar o de empujarnos para que no nos aglomeremos, y te van obligando a largarte con viento fresco.
En el hall de salida nos encontramos con Agustín y sus amigos. Y bajamos por la impresionante escalera helicoidal que diseñó Bramante para salir del Museo.
En su honor decidimos el próximo destino: EL CHIOSTRO DEL BRAMANTE. Nos merecemos un rato de sosiego. Y estaban deseando verlo porque el otro día sólo estábamos la Derqui y yo. Nos tomamos un gintonic que nos cuesta lo mismo que le pagaron a Bramante por construir el Chiostro, pero nos lo merecemos. Se está allí estupendamente. Visitamos a la tienda, con cosas de diseño y catálogos de las exposiciones de arte contemporáneo que se han hecho allí.














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